Qué caso tiene
el camino ya tejido,
si al final no hay más que
una ventana abierta
que deja ver
sólo algunas estrellas
y una bruma
que enrojece mis ojos.
Así, me alejo de mi objetivo.
Compro cosas cotidianas:
un espejo, un gesto.
Voy escribiendo mis ideas
en papelitos de colores,
y con esta poca constancia
tan mía,
termino abrazando la vida
de todas formas,
como si fuera un ser querido.
Y envuelta en aquel manto irrevocable
de dicha etérea,
continúo tejiendo mi trama.
Si te abro la puerta
antes de que toques el timbre
no te asustes,
te estaba esperando.